De vuelta ya en casa de Barcelona y medianamente descansado, aunque no mucho, después de uno, dos, tres, CUATRO días (lo que da señal de cómo anda mi vida de ajetreada en los últimos tiempos) aprovecho para volcar algunas de mis impresiones sobre la presente edición del Saló. Este año, para bien y para mal, se han excedido, creo, todas las expectativas. Me perdí la edición 2007, pero en 2006 ya me pareció que la cosa estaba creciendo mucho y muy bien. Lo de este año ha sido la confirmación total de ese crecimiento, en cuanto a público, pretensiones, repercusión…

1. La mala noticia

Mejor despacharlas primero. Este año, el Saló de Barcelona no va a tener como efecto colateral un buen puñado de entrevistas, como sí ocurrió en 2006 o pasa siempre que paso por Expocómic. Nada más llegar, el viernes por la mañana, me temí lo peor cuando, para mi sorpresa, un compañero de un medio de comunicación de Valencia me comentaba que había tenido que gestionarse él mismo las entrevistas a través de las editoriales, ya que la organización “no le facilitaba las cosas”, cosa que me sorprendió bastante por lo visto en años anteriores. La fanfarria del desfile gaitero que atravesaba la zona de prensa cuando me interné en ella acabó por ser muy sintomática. Poco después, veía cómo mi pregunta sobre las entrevistas que había pedido se resolvía con un poco concluyente “la cosa está muy mal”. Sin embargo, la agonía se prolongaría aún durante TRES visitas más a la zona de prensa, hasta el sábado por la tarde, cuando finalmente parece que hay momento para echar un vistazo a las agendas de los autores invitados y constatar que no, que no va a poder ser. Con ninguno. NIN-GU-NO. En mi listado de solicitud de entrevistas había evitado premeditadamente cualquier autor “mediático” que, entiendo, suscitan más interés entre los medios de comunicación generalistas. Sin embargo, ni Jock ni Andy Diggle ni ningún, repito, absolutamente ningún autor dentro de la extensa nómina de invitados, parecieron tener la agenda algo más aliviada para cederme quince minutos de su tiempo, fuera cuando fuese. Me quedaba también sin reencontrarme con Peter Bagge, autor a quien entrevisté en el mismo Saló en el año 97, en una época en la que el certamen vivía una realidad bastante menos boyante que la actual y la zona de prensa del Saló era bien diferente. ¿Que ha cambiado con respecto a 2006 en este aspecto? ¿Tanto ha crecido la cosa para que se produzca este contraste?

2- El Saló

En 2006, me quedé gratamente impresionado al ver el crecimiento espacial y de ambiciones de un Saló que, en aquel momento, me pareció que tocaba techo en cuanto a instalaciones y público. Qué equivocado estaba. La presente edición se ha revelado como ampliada y mejorada: más espacio, más público, más colas, más exposiciones, presencia masiva de expositores “ajenos”… Muy sintomático resultó ver el esfuerzo promocional de productoras cinematográficas, volcadas en “vender” sus estrenos cinematográficos comiqueros al público, o del canal Sci-Fi, a tope con Héroes.

3-La gente

Este año, de nuevo, pude coincidir con cuentagotas con gente del mundillo, algo que se acaba por convertir en verdadero motivo de desplazamiento al Saló pero que, inevitablemente, acaba convirtiéndose en poco más que unos breves intercambios de palabras en el mejor de los casos. Me resulta curioso ver cómo tienes que salir de Valencia para poder hablar un rato con gente de tu ciudad. Con Celes de Universo Marvel hacía meses que no coincidía, y sí que tuvimos rato de hablar. A Sergio Córdoba me lo encuentro en todas partes, y no iba a ser menos en Barcelona y a Jordi Bayarri, de Salón en Salón, igual que a Joseba. Algo parecido ocurre con Nuria, de Futurama. Álvaro no para, con lo que ni allí ni aquí acabamos por tener un rato para cafetear y que me cuente cotilleos.

En el terreno local, me las apañé para poder comer con el compañero tortense Rafa Domene. Rafa es poco hablador, pero mi estado de nervios por diversas razones hizo que le sepultase bajo una incesante cháchara, pobret. En la comida, además pude departir con Laintxo y un par de traductores comiqueros majísimos, Gonzalo Quesada y un compañero cuyo nombre he olvidado completamente. Más adelante, aún tendría oportunidad de coincidir con Sonia Pulido, Víctor Santos, Jotacé, Ferrán Delgado (¡por fin!), Toni Boix (¡por fin!), Pepo Pérez (¡por fin!), gente de +Que cómics, el también tortense Dani Andía y los fanzineros de Rantifuso, encabezados por Samu.

En el apartado editorial, los ya de rigor habituales encuentros con los encantadores Ricardo Esteban y Lorenzo Pascual, de lo mejorcito que hay a nivel humano en la profesión, y no lo digo por peloteo, unos ratos de risas con Paco Camarasa, alma de la fiesta comiquera allá adonde va, y un breve hola y adios con Alejandro Martínez Viturria. Todo muy atropellado, pero bastante entrañable.

Punto y aparte merece mi encuentro fortuito con El Tío Berni, no sólo porque me permitió departir un rato con uno de mis bloggers predilectos a nivel humano y bloguero, sino porque sus sabias indicaciones y avisos me permitieron, tras una alocada carrera, conseguir una dedicatoria y un muy ameno rato de conversación con Melinda Gebbie. una señora peculiar pero realmente interesante con la que se puede conversar de casi todo de manera realmente interesante.

La conclusión creo que vuelve a ser la misma de siempre: aunque el Saló durase una semana, sería imposible tener un rato de calidad para toda la gente que vale la pena y que ronda por allí.

4- Las exposiciones

Liberado totalmente de la posibilidad de entrevistar a nadie, mi gran objetivo de todo Salón al que acudo, decidí adelantar mi visita a las muchísimas exposiciones que ofrecía el certamen este año al sábado. Mi primera impresión es que la oferta era tremenda. No recuerdo un año con tanto para ver. La calidad media de lo que se ofrecía era correcta. Es una gozada ver originales de Milo Manara, Tim Sale, Michael Golden o Vittorio Giardino, pese a que sólo sean una docena distribuidos en un panel y poco más. Sin embargo, para mi gusto, la gran expo de este año fue la dedicada a la censura, ya que se acercaba a lo que verdaderamente entiendo como una exposición, y no una mera sucesión de originales más o menos ordenada. Un excelente trabajo de documentación, ambientación y clasificación que suponían toda una experiencia para el exportador. Un camino a seguir en el relativamente virgen territorio de las muestras comiqueras. Pese a ser más convencionales, mención aparte merecen para mí los espacios dedicados a David Rubín (con tetería y todo) y sus preciosos originales, y al Bardín de Max (tremendo ver los originales en hojas de libretas cuadriculadas), ambos con una tremenda fuerza. Desde luego, este año el Salón ha sido el cielo y la pesadilla de cualquier coleccionista de originales. Se agradece la variedad y, desde luego, el buen criterio de alternar exposiciones más directas y sencillas con otras más elaboradas. Todo un acierto.

5-Los premios

Poco que decir. Muy merecidos los premios en general. Es que no se me ocurre ni una objeción, vaya. Emocionante, para mí, el reconocimiento a uno de mis autores predilectos, Pasqual Ferry, un tipo con un talento impresionante, a Paco Roca y a Gipi, uno de los autores europeos que más me ha enganchado en los últimos tiempos.

6-Las conclusiones

Los medios de comunicación generales parece que se han entregado de manera definitiva al cómic y, claro, por repercusión y poderío, al Salón del Cómic de Barcelona. La coincidencia con Sant Jordi y demás hace que el público general, periódicos y televisiones, hayan decidido fijarse un par de días al año al mundo del cómic. Es una buena noticia y, desde luego, un síntoma de que las cosas estan cambiando, aunque sean un poco. Lo que queda también claro es que, poco a poco, el de Barcelona se va a ir convirtiendo en un Salón más de ellos que de nosotros, los que aprovechamos ese par de días como punto de encuentro y celebración de los que vivimos el tebeo los otros 363 días del año también y para los que, con toda lógica, va quedando menos hueco conforme la cosa se agiganta (a nosotros ya nos tienen ganados, y el tema es abrir brecha, para que esto siga adelante). También se aprecia que la cosa cada vez se mueve más para los profesionales, con mucho movimiento entre editorial, editores que se vienen a España a ver lo que pescan… Barcelona es y será una cita ineludible pase lo que pase, cada día más, nuestra San Diego Comic Con, así, en términos generales. Con la variedad y amplitud de salones que hay en nuestra geografía, quizás la pregunta sea… ¿Se va atrever alguien a defender algo más casero y endogámico, una especie de Small Press Expo a la española? No estaría mal, ¿no?